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Congregatio Jesu

Vida en Pintura

 

Hay 50 cuadros, cada uno mide 142 x 105 cm. conocidos como ‘La Vida de Mary Ward en Pinturas que muestran su camino espiritual. Están expuestos en el ‘Mary Ward Hall’ en Augsburg en Alemania. Tenemos muy poca información sobre el origen de dichas pinturas.  Es muy probable que fueran pintadas por varios artistas en alguna parte de Flandes y El Tirol durante la segunda mitad del siglo XVII.  Existe una evidencia escrita que las ubica en Munich entre 1680 y 1717, pero no se sabe cómo llegaron a Augsburg.
 
La iniciativa de encargar estas pinturas debe haber sido de las primeras compañeras de Mary Ward ya que éstas cuentan la historia de su vida muy detalladamente. Escribir su vida hubiera sido muy arriesgado, ya que el Instituto de Mary Ward había sido condenado por la Iglesia. Encargar una serie de pinturas que explicaban su historia disminuía el riesgo de la censura eclesiástica, aunque no completamente.  En varias ocasiones el Obispo local ordenó que las retirarán de los muros del Convento de Augsburg. Durante la Segunda Guerra Mundial se quitaron las pinturas y se escondieron, y así pudieron sobrevivir a la destrucción del Convento de Augsburg.
 
Las primeras pinturas son artísticamente mejores que las más tardías, y narran la historia de los primeros años de la vida de Mary Ward, su vocación, y la fundación de su Instituto. Muchas de las pinturas posteriores no son notables artísticamente, pero muestran una serie de experiencias espirituales profundas que no se conocen en las fuentes escritas.
 
Las inscripciones en las pinturas están escritas en alemán y es muy probable que se añadieran a finales del siglo XVII tras su finalización.
 
Derechos de autor Imágenes de la ‘Vida en Pintura’. Centro de Espiritualidad Mary Ward, Augusburg. Foto Tanner,Nesselwang, Alemania.

 

  • 01
    La primera palabra que la peque√Īa Mar√≠a pronunci√≥ fue Jes√ļs. Despu√©s de √©sta, no volvi√≥ a articular ninguna otra durante meses.
  • 02
    Cuando Mar√≠a ten√≠a diez a√Īos, sus padres le insist√≠an en que se desposara con un joven de nombre Redshaw, reconocido por su riqueza y su alta alcurnia. Mar√≠a, sin embargo, pidi√≥ con gran fervor al Se√Īor que impidiera este matrimonio a no ser que fuese para honrarle o para el bien de su alma. Y as√≠ acaeci√≥.
  • 03
    A la edad de diez a√Īos, Mar√≠a tuvo una ca√≠da muy peligrosa que le provoc√≥ la p√©rdida del habla. Entonces reflexion√≥: ‚ÄúAy, si s√≥lo pudiera pronunciar el precios√≠simo nombre de Jes√ļs; entonces, morir√≠a contenta‚ÄĚ. Al pronunciarlo, recobr√≥ la salud y sinti√≥ tanto amor por Dios, que en toda su vida no olvid√≥ esta gracia que le fue concedida.
  • 04
    En 1595, cuando Mar√≠a a√ļn no ten√≠a once a√Īos, se origin√≥ un incendio en la mansi√≥n de su padre en Old Mulwith; era la fiesta de la Anunciaci√≥n de la Virgen. Mar√≠a permaneci√≥ valientemente en un cuarto, rezando el rosario con sus hermanitas, hasta que vino su padre y las salv√≥.
  • 05
    Antes de cumplir los doce a√Īos, Mar√≠a fue nuevamente instada por sus padres a unirse en matrimonio con un joven, de muy buena reputaci√≥n, llamado Shafto. Rechaz√≥ esta proposici√≥n con gran valor y celo, considerando s√≥lo a Dios digno de su amor.
  • 06
    Al cumplir los trece a√Īos, se le present√≥ el ‚Äúmaligno‚ÄĚ, montando a caballo y bajo la figura del camarero de su padre, cuyo nombre era Francisco Charles. √Čste le ley√≥ una carta, en la que le comunicaban ‚Äď falsamente ‚Äď que su padre le ordenaba postponer su Primera Comuni√≥n hasta recibir nuevas √≥rdenes.
  • 07
    A los trece a√Īos y despu√©s de haber superado muchos obst√°culos, Mar√≠a se prepar√≥ con gran devoci√≥n y celo para recibir la Primera Comuni√≥n, de la que obtuvo una gran iluminaci√≥n y conocimiento de Dios.
  • 08
    A sus trece a√Īos y ante el peligro y la amenaza de la guerra, vivi√≥ en la casa de su t√≠a. All√≠ recibi√≥ varias proposiciones matrimoniales por parte de un caballero llamado Eldrington, que se distingu√≠a por su noble alcurnia y por otras destacadas cualidades. Mas, siendo su coraz√≥n preso del amor de Dios, no admiti√≥ ning√ļn amor humano. Se afligi√≥ tanto por causa de todo esto, que enferm√≥ seriamente y, por este motivo, su padre decidi√≥ llev√°rsela de vuelta a casa.
  • 09
    Cuando Mar√≠a Ward ten√≠a quince a√Īos, se hallaba un d√≠a cosiendo con su prima B√°rbara Babthorpe y escuch√≥ lo que narraba sobre una monja de clausura, una se√Īora temerosa de Dios, cuyo nombre era Margarita Garrett. Dicha religiosa hab√≠a protagonizado un esc√°ndalo y hab√≠a sido castigada muy severamente por ello. A trav√©s de este relato, Mar√≠a recibi√≥ de Dios tanto conocimiento sobre la excelencia de la vida religiosa que decidi√≥ abrazar este estado de perfecci√≥n.
  • 10
    A los diecis√©is a√Īos, Mar√≠a leyendo las biograf√≠as de los m√°rtires, fue cautivada por un deseo ardiente hacia el martirio. Pensaba que nada que no fuese un martirio real, podr√≠a calmar su anhelo. Hasta que el Salvador le dio a entender interiormente, con toda claridad, que √Čl no le ped√≠a el martirio del cuerpo, sino el del esp√≠ritu.
  • 11
    Cuando Mar√≠a empez√≥ a creer que su deseo por el martirio hab√≠a disminuido, temi√≥ que ello fuera por su falta de correspondencia. Por este motivo se dedic√≥ a la oraci√≥n. Mediante una visi√≥n interior, Dios le mostr√≥ que el martirio ‚Äď que √Čl le ped√≠a -, consist√≠a en la perfecta observancia de los tres consejos evang√©licos de la vida religiosa.
  • 12
    A sus veinte a√Īos, todos sus amigos, religiosos y seglares, procuraban disuadirla de que se hiciera religiosa. Por este motivo, se dedic√≥, casi d√≠a y noche, a la oraci√≥n y a la penitencia; implorando a Dios que su santa voluntad se cumpliera en ella. Finalmente, entendi√≥ las palabras de Cristo: ‚Äú Buscad primero el Reino de Dios‚ÄĚ. Estaba segura de que Dios le asist√≠a y recibi√≥ tanta luz, que le infundi√≥ √°nimo ( no s√≥lo entonces, sino tambi√©n en muchas otras ocasiones ).
  • 13
    En 1606, cuando Mar√≠a ten√≠a 21 a√Īos, fue casi obligada por sus padres y por su confesor a contraer matrimonio con un noble joven, llamado Neville y √ļnico heredero del Condado de Westmoreland. Dios permiti√≥ esta situaci√≥n para probar su fidelidad. Pero Mar√≠a sigui√≥ heroicamente la llamada del Se√Īor y no hizo caso de la persuasi√≥n de los hombres.
  • 14
    Cuando en 1606, el confesor de Mar√≠a celebraba una misa en Londres, Dios permiti√≥ que se volcara el c√°liz. Este percance provoc√≥ un cambio tan grande en su mente que despu√©s de la celebraci√≥n y cuando Mar√≠a le alcanz√≥ respetuosamente la toalla para que se secara las manos, le dijo llorando: ‚ÄúNunca m√°s impedir√© sus opciones religiosas, es m√°s, me empe√Īar√© en ayudarle con todas mis fuerzas‚ÄĚ. Y as√≠ lo hizo.
  • 15
    Cuando Mar√≠a hab√≠a cumplido los 21 a√Īos, en 1606 y despu√©s de la fiesta de Pentecost√©s, se embarc√≥ hacia Saint-Omer, con el permiso de su confesor y el consentimiento de sus padres. La acompa√Ī√≥ una dama llamada Bentley. Mar√≠a estaba llena de gozo. En Saint-Omer quer√≠a abrazar la vida religiosa, que hab√≠a anhelado desde hac√≠a tanto tiempo.
  • 16
    En 1609 y a la edad de 24 a√Īos, Mar√≠a hizo el voto de volver a Inglaterra. Hizo este voto con la aprobaci√≥n de su confesor, al que hab√≠a prometido obediencia en todos los temas espirituales. En Inglaterra pensaba dedicarse, de acuerdo con su rango, a la salvaci√≥n de sus pr√≥jimos; cosa que realiz√≥ con gran √©xito.
  • 17
    En Coldham Hall, Inglaterra, Mar√≠a convirti√≥ a una dama pudiente que hab√≠a ca√≠do por completo en la herej√≠a. Hombres letrados y sabios ya se hab√≠an empe√Īado en su conversi√≥n, pero todo hab√≠a sido en vano. Mar√≠a puso sus manos sobre ella y le habl√≥ amigablemente. Despu√©s de esto, la dama exclam√≥: ‚Äú Quiero hacerme cat√≥lica, confesar mis pecados y hacer lo necesario para mi entera conversi√≥n‚ÄĚ. Y as√≠ lo hizo, con gran fervor, antes de morir.
  • 18
    Muy animada y con el deseo ardiente de atraer a su t√≠a, la se√Īorita Gray, a la religi√≥n cat√≥lica, Mar√≠a cambi√≥ su indumentaria de noble arist√≥crata por un vestido de sirvienta. Su objetivo era poder hablar en Londres con su t√≠a, sin ser reconocida y con mayor libertad, en una casa que hab√≠an fijado para ello.
  • 19
    Mediante su asidua oraci√≥n y sus elocuentes palabras, Mar√≠a consigui√≥ ‚Äď y con el fruto deseado ‚Äď que su t√≠a la se√Īorita Gray se pusiese en contacto con un sacerdote de la Compa√Ī√≠a de Jes√ļs. Y as√≠ logr√≥ que una hereje empedernida se convirtiera a la √ļnica fe salvadora y recibiese con devoci√≥n el Santo Vi√°tico en su lecho de muerte.
  • 20
    En Londres, un noble caballero envi√≥ a Mar√≠a, por medio de sus lacayos, una obra maestra de reposter√≠a. Ella, no sin motivos y temiendo que en ello podr√≠a haber alg√ļn ardid del ‚Äúmaligno‚ÄĚ, se encerr√≥ en su habitaci√≥n y pas√≥ la noche en oraci√≥n y en penitencia.
  • 21
    En 1609, tambi√©n en Londres, cuando Mar√≠a acababa de hacer su meditaci√≥n, le parec√≠a que no la hab√≠a realizado con bastante fervor. Entonces y para remediar su falta, se propuso ayudar a una persona noble que ‚Äď por carecer de medios ‚Äď no pudo entrar en una Orden. Por este motivo, le proporcion√≥ la dote requerida. Mientras se vest√≠a para salir, le sobrevino un √©xtasis y qued√≥ privada del uso de todos sus sentidos y de toda capacidad de moviendo. Entendi√≥ ,con total claridad, que no era la voluntad de Dios que ingresara en la Orden de Santa Teresa, sino que estaba llamada a un estado de mayor excelencia, que dar√≠a a Dios una gloria incomparablemente mayor. En su o√≠do resonaban las palabras: ‚Äú¬°Gloria, gloria, gloria!‚ÄĚ.
  • 22
    En el mismo a√Īo 1609, con su ejemplo y palabra, Mar√≠a conquist√≥ para el Divino Esposo algunas j√≥venes pertenecientes a la nobleza. √Čstas, para librarse de los enga√Īos de lo mundano, fueron con ella a Saint-Omer donde, bajo su direcci√≥n, quer√≠an servir a Dios en la vida religiosa.
  • 23
    Una vez en Saint-Omer, Mar√≠a se aflig√≠a pensando que su afecto hacia su confesor era demasiado grande. Postrada en tierra y en actitud de oraci√≥n, decidi√≥ renunciar a su confesor y a todo lo que en lo m√°s m√≠nimo, pudiese disminuir la perfecci√≥n del amor divino. Entonces Cristo se le apareci√≥ y le dijo: ‚ÄúNecia, no t√ļ, sino yo lo he elegido para ti‚ÄĚ. Con estas palabras qued√≥ reconfortada y libre de su preocupaci√≥n.
  • 24
    Era en 1611 cuando Mar√≠a, algo recuperada de una grav√≠sima enfermedad y estando sola postrada en una cama, con una extraordinaria tranquilidad de esp√≠ritu, oy√≥ con total claridad una voz interior que le revelaba qu√© forma deb√≠a dar a su Instituto. Esta vivencia le ilumin√≥, le consol√≥ y le dio tanta fuerza que le fue imposible dudar que este conocimiento proven√≠a de una fuerza divina, que no le pod√≠a enga√Īar.
  • 25
    En la fiesta de Todos los Santos de 1615 en Saint-Omer, Dios mostró a María un alma justa con una belleza inefable, en la que todas las virtudes parecían formar una cadena. Mediante esta visión María no sólo fue desapegada de toda atadura terrenal, sino que también obtuvo la verdadera libertad de espíritu, la indiferencia, la sabiduría celestial y la aptitud para todo lo que exigía la perfección del Instituto.
  • 26
    En la fiesta de Santiago Ap√≥stol, julio de 1618, Mar√≠a se hallaba cruzando el mar, cuando estall√≥ un mot√≠n en la nave. Invoc√≥ el auxilio de este santo, su especial patrono, que gozaba de la admiraci√≥n de todos. De este modo, se calm√≥ el mot√≠n que se hab√≠a iniciado en la embarcaci√≥n. Mar√≠a confes√≥ luego que jam√°s le hab√≠a sido negada una gracia, pedida a Dios por intercesi√≥n de ‚Äúeste pr√≠ncipe del cielo‚ÄĚ.
  • 27
    En Londres, mientras Mar√≠a meditaba sobre las palabras: ‚Äú Le pondr√°s por nombre Jes√ļs‚ÄĚ, Dios le mostr√≥ un alma justa, dotada de gran gloria. Y le dio a entender con gran claridad que todas aquellas que, seg√ļn su vocaci√≥n viven en este Instituto, alcanzar√°n esta tan indescriptible belleza del alma, porque este estado viene dado por la justicia original y la hace semejante a Cristo el Se√Īor, modelo perfecto de todas las virtudes.
  • 28
    En 1618, cuando María estaba llorando con muchas lágrimas por sus pecados, Dios le dio a entender con claridad que debía satisfacerlos en esta vida. Ella, que lo sentía muy de cerca, le pidió insistentemente que le mostrara en qué forma había de hacerlo. En seguida percibió interiormente, que debía soportar con alegría todas las penurias que le sobrevendrían por el cumplimiento de su santísima voluntad.
  • 29
    Una vez Mar√≠a se hallaba rezando insistentemente por un sacerdote - al que hab√≠a rescatado, salvado y convertido de una mala vida-, temiendo que pudiera sentirse tentado por el pecado; Dios le mostr√≥, de forma visible, su √°ngel de la Guarda en la cabecera de su cama, extendiendo amorosamente los brazos sobre √©l, como queriendo protegerlo de todo peligro, le dijo: ‚Äú No ves, cuan fielmente te cuido‚ÄĚ.
  • 30
    En 1619 en Saint-Omer, mientras Mar√≠a agradec√≠a fervorosamente a Dios la gracia de su vocaci√≥n, Dios le mostr√≥ claramente que ayudar a la salvaci√≥n de las almas era un don mucho m√°s excelente que la vida de clausura y a√ļn que el propio martirio.
  • 31
    En 1619, cuando Mar√≠a meditaba sobre la vocaci√≥n de los Ap√≥stoles, entendi√≥ que √©stos no le ten√≠an ning√ļn tipo de apego a las cosas mundanas, sino que estaban a entera disposici√≥n del divino maestro. Este conocimiento hizo brotar en ella un nuevo deseo de abnegarse a s√≠ misma. De repente se sent√≠a enteramente libre frente a todo lo terreno, muerta al mundo y a todas las criaturas.
  • 32
    En 1619 Mar√≠a se hallaba descontenta consigo misma, pues viv√≠a sin sufrimientos ni adversidades. Cre√≠a que con estos, su alma se har√≠a m√°s pura y sus obras m√°s agradables a Dios. Mientras expon√≠a sus pensamientos ante el Sant√≠simo, Dios le dio a entender, con total claridad, que este descontento no le agradaba porque bajo este anhelo de sufrimiento se escond√≠a su propia voluntad ( de la que quer√≠a verla despojada por completo ). Por este motivo, Mar√≠a quiso darse enteramente a √Čl, recibir de su mano todo, sin escoger nada.
  • 33
    En 1619 en Lieja, mientras Mar√≠a realizaba su meditaci√≥n, Dios le mostr√≥ claramente el gran n√ļmero de condenados y la reducida cantidad de los que se salvaban. Le dio a entender que la causa de su condena era la falta de correspondencia con la gracia de Dios, mediante la que podr√≠an haber alcanzado la eterna beatitud; pues es solamente el libre albedr√≠o del hombre, el que enciende las llamas del infierno.
  • 34
    El 10 de octubre de 1619 Mar√≠a estaba haciendo un retiro espiritual. Durante la meditaci√≥n, con profunda humildad y con gran confianza, pregunt√≥ a Dios qui√©n era √Čl. Entonces lo vio claramente entrar en su coraz√≥n y obtuvo aquel conocimiento que hab√≠a pedido.
  • 35
    En el a√Īo 1619 en Lieja, concretamente en la iglesia de San Mart√≠n, delante del crucifijo que se hallaba al lado del coro, Dios mostr√≥ a Mar√≠a que, aunque su Instituto no deb√≠a estar enteramente sometido a la Compa√Ī√≠a de Jes√ļs, s√≠ que deb√≠a ser dirigido por dicha Compa√Ī√≠a, para conservar el verdadero esp√≠ritu y no apartarse en manera alguna de √©ste.
  • 36
    En 1624 María obtuvo para su Eminencia, el cardenal de Trescio, el pronto restablecimiento de una fiebre maligna. Este favor fue agradecido mediante una peregrinación a la Virgen milagrosa del Monte Giovino, donde permaneció durante cinco horas.
  • 37
    En un viaje en 1625 y mientras María rezaba, Dios le hizo ver la excelencia del estado religioso. Entendió que la fuerza de éste no consiste en el poder temporal sino sólo en Dios; ante cuya grandeza vio desvanecerse todo poder de las criaturas y deshacerse en un solo instante.
  • 38
    En la fiesta de San Pedro ad Víncola, 1625 en Roma, y mientras María encomendaba su Instituto con insistencia a Dios, comprendió que la prosperidad, el progreso y la seguridad de éste no consistían en la riqueza, en la fama o en el favor de los príncipes; sino en el libre acceso de todos sus miembros a Dios, de quien tiene que venir toda la fuerza, la luz y la protección.
  • 39
    En 1625, en la iglesia de San Jer√≥nimo de la Caridad en Roma, Mar√≠a se hallaba sumida en una profunda oraci√≥n ante el Se√Īor oculto en el Sant√≠simo Sacramento. Pidi√≥ humildemente a Dios que le diera a conocer, que le revelara la manera m√°s provechosa de sobrellevar los sufrimientos. Entonces percibi√≥ con total nitidez que a √Čl le proporcionar√≠a un mayor agrado si aceptaba el dolor con gusto.
  • 40
    Cuando el 11 de abril de 1625, Mar√≠a oraba de rodillas en la iglesia de Santa Mar√≠a del Huerto en Trastevere en Roma, vio que ella no era nada y que Dios lo era todo. Entonces fue sumergida en el amor divino y fue privada totalmente de sus sentidos. Hall√≥ el descanso en Dios y debido al resplandor de los rayos que emanaban del Sant√≠simo y ca√≠an sobre su rostro, qued√≥ durante alg√ļn tiempo privada del don de la vista.
  • 41
    El 26 de junio de 1625, en la iglesia de San Eligio en Roma, hall√°ndose delante del Sant√≠simo, Mar√≠a recibi√≥ de Dios un luz tan grande que la gui√≥ e ilumin√≥ sobre el perd√≥n hacia sus enemigos. Desde ese momento, sinti√≥ un amor tierno hacia ellos y los sol√≠a llamar ‚Äúamigos y amantes de celestial recompensa‚ÄĚ.
  • 42
    Cuando en el a√Īo 1626, Mar√≠a rezaba por el Instituto en la iglesia de San Marcos en Roma, Dios le hizo o√≠r interiormente las palabras de Cristo: ‚Äú ¬ŅPod√©is beber el c√°liz que yo bebo?‚ÄĚ y le manifest√≥ cu√°ntas adversidades, persecuciones y trabajos tendr√≠a que soportar por el cumplimiento de su sant√≠sima voluntad. Mar√≠a se ofreci√≥ a aceptarlo con alegr√≠a.
  • 43
    En la víspera de la Navidad del 1626, María llegó a Feldkirch en el Tirol. A pesar del intenso frío y del cansancio del viaje, permaneció en la iglesia parroquial, absorta en una profunda oración desde las ocho de la noche hasta las tres de la madrugada.
  • 44
    Mientras Mar√≠a, el d√≠a de Navidad de 1626, asist√≠a a la Misa Mayor en la iglesia de los Padres Capuchinos de Feldkirch y suplicaba ardientemente al Ni√Īo Dios por el rey de Inglaterra. Dios le mostr√≥ el inmenso y tierno amor con que lo abrazaba y c√≥mo deseaba hacerle heredero de su gloria. A pesar de ello, este amor no era correspondido por el rey.
  • 45
    Cuando en 1626/1627 Mar√≠a viaj√≥ por primera vez a Munich, al llegar a Isarberg predijo a sus acompa√Īantes que, seg√ļn Dios le hab√≠a revelado, el Pr√≠ncipe Elector les iba a proporcionar, en la ciudad de su residencia, una casa confortable y un subsidio anual. Esto aconteci√≥ poco tiempo despu√©s de su llegada.
  • 46
    En 1626 cuando una de las suyas pensaba abandonar su vocación, María llena de tristeza, buscó refugio en la oración para encomendar el Instituto a Dios y a su bendita Madre. Entonces Dios le reveló con claridad cuándo el Instituto iba a ser aprobado y también que esto ocurriría cuando menos lo esperara.
  • 47
    Una vez se hallaba Mar√≠a afligida por la falta de dinero y le pidi√≥ al Se√Īor una determinada suma. √Čl le pregunt√≥, interiormente y con toda claridad: ‚Äú¬ŅTe vale m√°s esta suma que mi Providencia?‚ÄĚ. Desde ese momento Mar√≠a entendi√≥ que no deb√≠a tener en cuenta las riquezas terrenales y por el contrario, deb√≠a considerar la Divina Providencia como su √ļnico bien m√°s preciado.
  • 48
    Al visitar una de sus casas, el Se√Īor hizo conocer a Mar√≠a que una novicia ten√≠a fuertes tentaciones en su vocaci√≥n, pues todo le parec√≠a dif√≠cil y duro. Mar√≠a la consol√≥ dici√©ndole amablemente: ‚ÄúHija m√≠a, la virtud es dif√≠cil s√≥lo para aquellos que as√≠ lo consideran. Nuestro camino hacia el Cielo consiste en aceptarlo todo de la mano de Dios y hacerlo todo por √Čl‚ÄĚ. Con estas palabras la novicia qued√≥ completamente tranquila y libre de toda tentaci√≥n.
  • 49
    En Saint-Omer, Dios mostr√≥ a Mar√≠a un personaje distinguido y desconocido para ella, que vest√≠a una vestidura episcopal. Le dio a entender que este personaje, aunque extra√Īo, era un amigo del Instituto.
  • 50
    Dios se mostr√≥ a Mar√≠a en Saint-Omer y le dijo: ‚ÄúSigue adelante, vas a morir pronto y tu recompensa ser√° grande‚ÄĚ.